Sueños son historias
Está claro que nos gustan las historias, ya sea contarlas o que nos las cuenten. De lo contrario el cine, la televisión, los libros, la radio, los periódicos, etc. hubiesen sido los inventos más fracasados de la humanidad. Este interés innegable que el ser humano tiene en las historias puede deberse a que éstas constituyen un modo de explicar o entender las inquietudes que cada cual tiene en su interior. Aunque también cumplan la función, al mismo tiempo, de hacernos pasar un rato entretenido, venciendo el aburrimiento, evadiéndonos de la cotidianidad o saciando nuestra curiosidad. Nos encontramos con historias todos los días, estamos rodeados de ellas porque están estrechamente ligadas a nuestra capacidad de comunicación: las contamos, las observamos, las escribimos, las leemos, las escuchamos, las inventamos, las traducimos... Podría decirse que son casi una necesidad humana.
Otra necesidad humana es el sueño. Si no durmiésemos nuestra salud se vería seriamente afectada. Mientras dormimos nuestro organismo adopta un estado de reposo y baja actividad fisiológica, pero en nuestra mente ocurre algo fascinante y enigmático: soñamos. La mente elabora los sueños a partir de información que guardamos en la memoria cuando estamos despiertos. Soñar es un acto involuntario, no podemos decidir no soñar. A veces olvidamos lo que hemos soñado pero también puede pasar que lo recordemos nítidamente. En este último caso nos queda el recuerdo de haber vivido o presenciado algo que creíamos real mientras soñábamos, como las historias de las que hablaba al principio. Recordamos los sueños como si fuesen historias. Algunos sueños pueden ser turbadores, otros absurdos, y a veces felices fantasías de las que desearíamos no despertar. Los sueños pueden provocar sensaciones más intensas que la propia realidad. También se creee que pueden tener algún tipo de significado oculto. En cualquier caso, incluso cuando dormimos, las historias están siempre presentes.


